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viernes, 29 de enero de 2010

Placer voyeurista



Debo confesar que a veces, muy de vez en cuando, me siento tremendamente atraída por algún hombre, casi tanto como para permitirle una visita a mi cuerpo. Casi.

Suelen ser músicos, guitarristas de manos callosas y dedos largos comúnmente. Me gusta verlos disfrutar mientras tocan. Entrecierran los ojos y sus cuerpos se mueven con la música. Acarician las cuerdas y el cuerpo de la guitarra. La hacen vibrar, gemir.

No sé... Tal vez sólo me gusten las guitarras.

miércoles, 9 de diciembre de 2009

Sin título

-¿Y qué hago con esto que siento?- me dijo con los ojitos brillosos por las lágrimas contenidas.

Que difícil se hace veces mantener la ropa interior, las querencias y las ganas en su lugar.

martes, 24 de noviembre de 2009

Sin título 2


Yo sólo quiero coger durante tres horas enteras, así como Dios manda.

martes, 15 de septiembre de 2009

Haciéndole lugar a la tentación




Escucho música sexy bajo el ruido del agua. Salgo de la ducha. Me siento fresca y renovada después de un baño tibio. Estás trabajando a media luz frente a la computadora. Aprovecho el soundtrack y te bailo en cueros mientras me embarro crema por todo el cuerpo: los hombros, los brazos, el pecho, las nalgas, las piernas. Despacio. Quiero que las ganas se te alboroten como a mí. Quiero que me acaricies como yo lo hago.

Levantas la cara de la computadora. Parece que he despertado tu interés. Tal vez te levantes de la silla y vengas a tocarme.

Tal vez me avientes contra la cama y me cojas como si necesitaras ahogarte en mí, desesperada, ansiosa.

Tal vez vengas y bailes conmigo y me acaricies la espalda y el cabello húmedos.

Tal vez me empujes contra la pared y me uses como a una desconocida, como si mi nombre no fuera Amara, sino Brigitte -la prostituta francesa de nuestras fantasías-, como si no hubieran pasado más de cuatro años desde aquella primera y clandestina vez.

Vuelves tu vista a la computadora. -Debes apurarte, tenemos que pasar por Ana- es tu respuesta a mis insinuaciones.

Chingado! Si ni una vieja encuerada, ganosa y dispuesta te despierta las ganas, no imagino qué te las puede despertar.

Grrr

viernes, 11 de septiembre de 2009

Roce



Once de la mañana. Estoy sentada en mi cubículo concentrada en mis pendientes. De pronto un roce. Un simple roce. Se acerca a -no lo recuerdo claramente- preguntarme/pedirme/decirme algo del trabajo y durante un segundo que parece eterno acaricia "accidentalmente" mi brazo con el suyo.
Una descarga recorre mi piel alcanzando mi entrepierna, erizando mis pezones.
Viajo a miles de kilómetros al lugar donde sus manos y labios me llevan...

y sin embargo, de regreso en la realidad, mi corazón sigue en el mismo lugar.

martes, 28 de julio de 2009

Antojada


Me cuesta compartirme, siempre ha sido así. No me gusta que cualquiera me toque sin que yo lo permita o desee. Es una cosa de confianza producto seguramente de algún trauma infantil olvidado, dirían los especialistas.


Si ser acariciada es difícil, ni hablar de andar juntando mis labios con otros labios. Simplemente no sé besar porque sí -por eso reencarnaré en una piruja sin ataduras corporales-. Lo malo es cuando el deseo anda por ahí, haciéndome cosquillas en la entrepierna y venciendo mis barreras físicas. Me entran las ganas de tocar, de morder, de lamer, de dejarme hacer.


Me invaden los antojos. Antojo de besar sus labios, sólo por probar, sólo por ahogar las ansias de mi cuerpo y terminar (¿empezar?) con esto de una condenada vez. No lo haré, sé bien que no, pero qué ganas, qué ganas...