
Yo no sé que hago, pero de algún modo, siempre atraigo a los acosadores -sí, DORES, no DORAS, si no no me estaría quejando-. Un día como cualquiera estaba tranquilamente trabajando cuando recibí un email de un hombre desconocido saludándome y preguntándome cómo estaba. Sabiendo que no lo reconocería por su nombre, me especificó quién era -"el altote que te saluda"-. Me extrañó un poco pero le contesté que todo bien y que en qué podía ayudarle -o sea, ¿qué se te perdió por aquí?-.
Cabe mencionar que en mi trabajo soy seria y reservada. Saludo con cortesía pero es todo. No me gusta quedarme a platicar por ahí. Había notado que él era, digamos, peculiar. Trataba de sacarme plática pero de una forma medio hostigadora, medio, ¿cómo decirlo amablemente? No sé, rara.
Al poco tiempo de mi respuesta recibí otro email lleno de faltas de ortografía preguntándome por qué soy seria/cortante/poco platicadora -que alguien hable con él, es una pésima idea tratar se acercarse a alguien agrediéndole- y afirmando que le gustaría ser mi amigo y conocerme.
Por obvias y lesbianas razones no tenía, ni tengo, ni tendré las más mínimas intenciones de salir con él, pero no sabía cómo decirlo amablemente, así que demoré mi segunda respuesta. Media hora después recibí otro email en los mismos términos, con las mismas insoportables faltas de ortografía pero hablándome de usted. Tampoco lo contesté. Una rato más tarde otro más, pero ahora disculpándose por ser tan directo/atrevido e insistiendo en sus deseos de ser mi amigo y de tener mi número telefónico.
Cuatro emails en dos horas. CUATRO. Al buen entendedor pocas palabras. Me decidí a detener su insistencia mandándole amablemente por un tubo y explicándole que la amistad surge con el trato, no se busca. El colmo, se ofendió. Me mandó un último email –ahora más breve- disculpándose nuevamente y diciendo que entendía –seguro- mis razones.
Me lo topé horas más tarde y me miró con expresión herida. ¡¿Quién te pidió que te acercaras completo desconocido?! Quisiera que se me notara más lo lesbiana.
Ahora que ya no soy amable y lo evito busca cualquier momento -por absurdo que sea- para sacarme plática y hacer surgir esa mentada amistad, supongo.
Chingado. Cavé mi propia tumba.